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El alféizar


“La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza”, esta frase del poeta Charles Baudelaire, bien puede aplicarse a El alféizar, poemario de Juan Félix Clauteaux, porque lo inesperado del símbolo, el estupor ante la hondura abisal de las imágenes, y el carácter irregular de la estructura, son ejes fundamentes en los que Juan Félix articuló sus poemas.
La poesía de El alféizar traza un itinerario sinuoso. Se abre paso en la noche o en cálidos amaneceres, en intentos por abarcar la memoria de lugares recónditos, de zonas de sentido emplazadas en el omphalos lúgubre de la muerte, pero también en meandros de ensueños que conducen hacia la palabra vital que anuncia vida.

En los versos de estos poemas podemos leer el juego de la imagen poética que desemboca en el asombro, en la armonía y en la belleza de cada pasaje. El poeta, de forma magistral, combina la brevedad del haiku con la extensión de otros poemas que dan cuenta de un largo aliento, como un temblor que indaga en el yo poético.
La poesía de Juan Félix Clauteaux expresa un ritmo que se entreteje con la visión de escenarios colmados por la riqueza del lenguaje. En ellos, la palabra se internaliza para nombrar la experiencia íntima e inasible de las emociones, de visiones que pertenecen al reino subjetivo que habita en lo profundo del poeta.
Desde El alféizar el lector puede ponderar las variantes de estancias que se despliegan con la belleza inefable de la acción poética en su devenir, bucear en sus profundidades o salir para contemplar la belleza sublime de la naturaleza.

Les Quintero

Comentarios

Carlos Reyes ha dicho que…
Buen post. Gracias.

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