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La travesía del indigente



Con el sugestivo título La travesía del indigente, Maggida Lovera nos presenta su primer poemario embellecido con metáforas que desfilan por la calle, por la ciudad que combate sus penurias entre lágrimas y consignas. En los poemas resuena el drama social del país, como un eco que se dispersa en cada página de esta Travesía. Las frases dan cuenta del desamor hacia el prójimo, hacia sí mismo, hacia la patria, y la catástrofe íntima que sigue al desengaño y a la servidumbre de la vida en extramuros, silenciada por el rumor y el miedo.

Maggida tiende puentes minuciosos que van desde el poema testimonial, hasta la orilla donde se articula la denuncia en el verso libre que se despliega ante el lector. La poesía realista de La travesía del indigente enfoca su objetivo con precisión en el canto a la libertad y a los humildes, a un “Cuerpo hediondo a oportunidades sepultadas.” De esta forma, el poema, a pesar de su inmediatez, coagula una visión que perdura en cada palabra, en la angustia y la impotencia ante la barbarie.

El yo poético vaga entre los escombros de una sociedad, donde lo femenino se mantiene como estandarte de fuerza, de fe, de voluntad y de amor: “Percibiendo el mañana, le tocó ser patria”. Cada poema exalta valores individuales como la dignidad, la fuerza que nace del espíritu para resistir las dentelladas de violencia, “Donde la idea es esencial para seguir caminando hacia el despertar de la sociedad…”.

La propuesta medular de La Travesía del indigente exhorta a escudriñar la luz que calienta y alumbra al alma, a ver en su flama los contornos de la vida que se dilata en la riqueza de los mundos subjetivos. Mundos que permanecen intactos en los meandros de cada ser que sueña.


Les Quintero

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