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Juez en el invierno



En este cuento de Jorge Gómez Jiménez, una importante universidad invita al escritor venezolano Raimundo Trillo a participar como jurado de un certamen literario. A partir de esta invitación, el personaje inicia una desternillante peripecia como juez del concurso que debe premiar la obra más representativa de las letras jóvenes de un país tropical. El viaje de Raimundo Trillo está hilvanado por una ironía que no busca provocar, sino exponer la vivencia desde la perspectiva cotidiana del escritor, quien sobrevive con una menguante economía y debe aprovechar cualquier oportunidad para ganarse un dinero extra.

Juez en el invierno explora con humor no solo el discurso literario convencional en el que inserta sus reflexiones cargadas de lenguaje irreverente, sino también la autosuficiencia del escritor-jurado y las zancadillas de un dios burlón que se aparece en los lugares más inesperados. El manejo estético que hace el “maestro Trillo” desbroza las fórmulas de cortesía (de profusión barroca) hasta provocar la ruptura discursiva con lo socialmente correcto. Esta transgresión ofrece a cambio una relación directa con la realidad ficcional del personaje, despojada de ceremonias inútiles.

Raimundo Trillo evoca al pícaro y sus delirantes aventuras (o desventuras) en un evento disparatado. Juez en el invierno se recrea en los aspectos lúdicos del lenguaje, al narrar la historia del jurado al que solo le interesan los dólares que le pagarán, los problemas que puede resolver con ese dinero cuando haga el cambio a la moneda nacional, en el mercado negro, por supuesto, y en lo bien que lo pasará en la playa rodeado de chicas.

Les Quintero

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