sábado, 26 de octubre de 2013

Hombres de café

Rodrigo Eloy Lares Bassa
Ilustración de Roberto Weil

Hombres de café, el nuevo trabajo narrativo del escritor Rodrigo Lares Bassa, nos ofrece una selección de tres relatos articulados en una prosa vital, rica en descripciones y en la belleza sensorial que se desprende de las tradiciones populares. Estos recursos otorgan unidad intimista a la historia y hondura existencial a sus personajes afincados en una geografía telúrica. El autor dibuja toda una arqueología de acciones que se desgajan de hechos sencillos, cotidianos y no por ello menos entrañables.

Lares Bassa demuestra una profunda sensibilidad artística en su retrato de parajes que solo la magia de la ficción hace visibles. La voz del narrador se alterna con la voz de los protagonistas, creando una suerte de contrapunteo donde prevalece la crónica íntima de los sueños particulares. Cada personaje deja sus huellas en las reflexiones, en su lucha a la sordina por mantener un cierto orden y, sobre todo, en el rastro indeleble del amor, la fe y las ilusiones en un futuro mejor.

En Hombres de café el lector hallará una crítica pertinaz hacia un sistema gangrenado por la corrupción, la ineficiencia, el desgaste psíquico. El cuestionamiento implícito en la narración se puede interpretar como una metáfora del país, donde un presentimiento irrumpe para resquebrajar el orden cotidiano y será necesario avanzar, página a página, para seguirle el rastro a ese presagio que atraviesa toda la historia, mientras los habitantes del pueblo esperan el supuesto e inminente suceso entre comentarios ingenuos, expresiones de impotencia, resignación o indiferencia.

Rodrigo Eloy Lares Bassa, rescata lo esencial del interior venezolano con sus tradiciones y leyendas matizadas por el aspecto sobrenatural, como el fantasma de La Bellados, que le otorga a la narración la fuerza de la raigambre popular en la concepción de la gente sencilla del pueblo. Las existencias imbricadas en lo rural, la calidez que se desprende de las voces que componen cada narración, las fiestas y rutinas convergen en su proximidad con el ethos y otros aspectos recónditos del espíritu y el alma colectiva que perviven en la memoria.

En 2005 fue cuando Lares Bassa inició su ciclo narrativo con la publicación de su primera novela, Hilos de esperanza que tiene interesantísimos “vasos comunicantes” con Hombres de café, libro que al perecer decide el destino del autor por el ámbito de la ficción narrativa, una materia que maneja con decidido dominio y talento.

José Morales

lunes, 14 de octubre de 2013

Miniguerra: tarea de los cuerpos



Miniguerra es una fragua simbólica donde el cuerpo, como abstracción, experimenta cuatro fases que revelan la condición proteica de la palabra. El Cuerpo sensual muestra la potencia liberadora mediante el erotismo, ingresando en un universo donde transforma los instantes fugaces de una mirada o un abrazo en momentos plenos y enriquecedores. La primera etapa del libro abre con el Eros como paradigma que amalgama los aspectos sagrados y profanos, fundamentales en la transmutación de las emociones. 

La tarea del Cuerpo social cumple una función indagadora y refleja sus impresiones mediante la voz poética. En ella se advierte cansancio y el cuestionamiento de aspectos sociales que apuntan hacia la toma de conciencia. Se evidencia el tránsito del estadio erótico hacia el entorno, el cual explora desde un enfoque conectado con la realidad que lo circunda. El mundo que se revela ante sí exhibe las grietas de un modelo decadente, inverosímil, absurdo hasta la nausea, el impase violento con estructuras del poder desmedido, donde la muerte y la usurpación de roles hacen su guardia, trasfiguran la palabra en un Cuerpo herido.

Este Cuerpo herido, aturdido por la confusión, se debate entre la confrontación de la contingencia y el deseo de producir cambios para rehacer un territorio con una cadencia distinta, para evitar la catástrofe. El Cuerpo herido es una metáfora del clamor por el restablecimiento de los valores y la libertad, por la sanación de un lugar ultrajado. Las imágenes poéticas de este texto dan cuenta del proceso que experimenta el ser al reconstruirse desde las profundidades del mundo subjetivo y la sensibilidad con la que el acontecer inmarcesible va reparando las fisuras del alma. 

El Cuerpo reconciliado es la puesta en escena de una lucha frontal entre la voz poética y un enemigo atomizado por el poder. Ya no hay clamor ni ruegos, sino una rebeldía inaudita que desafía al adversario y le advierte que combatirá sus ofensivas blandiendo la palabra como arma y amuleto. Las estelas líricas del Cuerpo Reconciliado señalan el lento transcurrir de un estado a otro, el cambio que se va operando en los imaginarios recónditos del ser, manifiestos en el caudal del símbolo que lo conduce hasta su más pura esencia.